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La sintesis, el color y la paciencia de Carmen Herrera
10 octubre, 2016
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Armonía. Correlación. Simetría. Aunque no siempre en el sentido estricto de la palabra, sí en el balance, el equilibrio. Correspondencia. Síntesis. La concentración de la atención. La simplicidad. Pero también la dedicación, la paciencia. Sobre todo la paciencia. Tranquilidad. Plenitud. Carmen Herrera nos invita a encontrar tiempo. A mirar los espacios en blanco. Esos que construyen el arte.

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El arte no es lo que nos dice la pieza. Si no lo que deja en blanco. Lo que nos susurra al oído pero que no está ahí. El arte de Carmen Herrera son los matices del espacio que a veces a color, a veces en blanco, nos dejan un espacio libre para poner ahí nuestra atención y llenarlos con nuestros propios vacíos.

Precisión. Exactitud. No sabemos si obsesiva o natural o perfeccionista. Pero está ahí. Cada línea, cada trazo, cada curva, cumple cabalmente con las medidas que de ella se requieren para crear piezas que encuentren, en su composición, creaciones que, si fuesen puestas en una balanza imaginaria que sopesara los pesos de sus trazos y sus colores, todas ellas dejarían a la balanza justo en el centro de su eje.

 

Carmen Herrera, cubana de nacimiento, de 101 años, y residente de la ciudad de New York, ha vivido una vida entera apegada a sus creaciones, y al estilo de éstas. Congruente con su discurso creativo, las formas y la limpieza en la pintura, se mueven en esos terrenos de la abstracción pura y de la geometría simétrica y asimétrica. La simpleza, dice ella, en sus resoluciones al momento de pintar, es siempre su objetivo prinicipal. Es eso lo que la mueve.

Libre de toda pretensión, no busca acceder a ninguna tendencia o algún mercado en específico. Aún así, tiene sentido que Carmen haya tenido que esperar hasta sus noventa años para empezar a destacar en el medio creativo y artístico de la ciudad de Nueva York, pues en estos tiempos en que la publicidad y el diseño gráfico nos satura de imágenes y nos bombardea con la estridencia y la repetición inescapable de sus intentos por llamar nuestra atención, ella se convierte en un bálsamo que nos da tranquilidad y plenitud al observar sus creaciones.

 

No se requiere un análisis profundo, ni un experto que nos explique sus pinturas. Carmen, con sus creaciones, nos invita a la observación casi pasiva y sin complejidades, mientras nos invade una sensación de tranquilidad, equilibrio y armonía al estar frente a ellas.

Casi como si sus propias creaciones, desde hace décadas, le enseñaran a ella misma que la paciencia, esa virtud tan fácilmente agotable, fuera la pieza clave para seguir creado y para esperar a que la trascendencia en el medio creativo y hasta económica, le serían concedidas tarde o temprano.

 

El arte te tiene que encontrar en el momento adecuado. Y por supuesto que, como todo en el arte, el arte de Carmen Herrera no es para cualquiera, ni para cualquier momento. Son piezas que puedo asegurar te deben encontrar en un momento muy específico de tu vida para que las puedas sentir como parte de ti.

Es ahí donde el arte sucede: Cuando el universo del creador se encuentra con el universo de quien observa. Como dos grandes bloques rojos que al unirse, encajan. O casi.